La terapia cognitiva en la que basamos nuestro tratamiento para la depresión, parte de la hipótesis de que las personas depresivas o con tendencia a la depresión, tienen un sistema de creencias (formas de pensar conscientes o inconscientes) que hacen que interpreten y le den un significado a la realidad (sus supuestos personales) que las hacen vulnerables a determinados acontecimientos, por ejemplo pérdidas, frustraciones, temor al rechazo, baja autoestima, culpa). Los significados personales (supuestos o reglas personales) suelen ser muy estrictas e inflexibles en cuanto a lo que esperan y creen que los demás esperan de ellos mismos, con metas muy altas respecto al amor, aprobación, competencia personal, etc., y a su relación con ellas (su autovaloración). Esos significados se activan en determinadas circunstancias y casi siempre hacen que la persona depresiva procese erróneamente la información y distorsione la realidad ya que irrumpen en su conciencia una serie de pensamientos negativos, involuntarios y casi taquigráficos (pensamientos automáticos) que son creídos por el paciente y que le hacen adoptar una visión negativa de sí mismo, sus circunstancias y el desarrollo de los acontecimientos futuros (triada cognitiva). Los pensamientos automáticos negativos a su vez interactúan con el estado afectivo resultante (depresivo) y las conductas relacionadas, por ejemplo, evitación, falta de actividad, deseo, ganas, siendo el resultado de este círculo vicioso la perpetuación de la depresión.